TOROS, GUADALUPE, Y LA " TÍA JUANA LA REINA"



Cuando escribo estas líneas, me imagino que ya estará formado el lío de los Toros en Guadalupe: Tablaos, toreros, fiesta, música, conjuntos, charangas, "maestros de maestros", gente en las escaleras del Atrio, ambiente taurino, peñas, etc etc.
Este año, más días de toros, para contentar a los adictos a esto de las carreras, caldeos, metidas en la fuente, toreros que durante el resto del año se dedican a otros menesteres, gritos chillones de las mujeres con un " yayayayayayayaiiiii",en función de la arremetida del novillo, revolcones, y vino de pitarra, o de Cañamero a todo pasto.
Por la noche, las duchas de Casa Amalia, el jolgorio juvenil, y en la plaza, en la arena, el olor a orines de los animales, papeles, y polvo, y tierra, mucha tierra por todos los sitios.
No se que tienen los toros en nuestro pueblo que a pocos deja indiferentes. Hay una inusitada afición a pegar carreras en pequeños tramos, citando al cornúpeta.
Otras veces se confeccionaban "peleles" a base de ropas viejas, monos y camisas, rellenadas de paja, que se ponían delante del toro, para que este, les arreara un cornalón, desparramando la paja al lado de la fuente, socorrido lugar, para refugiarse los hombres a modo de burladero, de las embestidas del "miura".
Hace muchos años, muchos, en una de aquellas tardes de toros del viejo Guadalupe, se abrió la plaza para que el toro subiera por la Candelera, hoy calle Marqués de la Romana.
Años después, se sigue celebrando esta costumbre, de soltar el bicho hasta la calle Nueva de los Capellanes, o hasta el Arco San Pedro.
Pues bien, esa tarde, una señora entrada en años y en kilos, buenas delanteras, al parecer no se acordó que soltaban al toro. Ella venía de la calle Real, y se internó tranquilamente por la calle Nueva, a fin de bajar a la Plaza y caminar en dirección a su casa en el Barrio de Abajo.
Portaba una cesta de fruta, que acababa de recolectar del huerto, y enfrascada en sus pensamientos, ignoró que a esa hora soltaban el toro.
Al llegar a la curva de Pedro Salinas, avanzó y de pronto se encontró frente por frente a un inmenso y gran toro, con unos cuernos que daban pavor, por lo grandes y largos, y ella, se apoyó en la pared de la antigua Hospedería, por de bajo de la entrada al Auditorio, y enfrente del hoy Parador de Turismo, antigua casa nuestra, donde desde el balcón, mi abuela Florencia, mi madre y varias personas vieron aterrorizadas, como el toro se tiraba a la señora Juana, de mote " La Reina", y la apretaba junto a la pared, con la buena suerte, de que la "encajonó", es decir, el toro clavó los cuernos en la pared, sin pinchar a la buena mujer, que veía como el bicho, con el hocico y a base de cabezadas, le rompía el corpiño, dejando ver las "Reales, grandes y abundantes tetas" de la mencionada tía Juana.
Cuando por fin, quitaron al toro de encima de esta buena mujer, rápidamente, mi abuela y mi madre bajaron a recogerla, y a darle una tila, ya que estaba bastante nerviosa, y a coserle el vestido, para ocultar las "Reales" verguenzas de la tía Juana.
Entre un mar de nervios y temblores, por fin la "Reina" habló y dijo:
"Florencia, ya estoy más tranquila, el toro no me ha pinchado, ni he tenido miedo. Y para que veáis que es verdad, aquí están mis bragas, limpias, que ni me las he meao".
" Que le voy a hacer, si las tetas de la "Reina" han salido a pasear por la Candelera. Yo no quería, pero ese toro sí".
La carcajada de aquellas mujeres retumbó entre los muros de la casa del Marqués de la Romana.
Mientras, el toro volvía a la Plaza, entre los chillidos de las mujeres, las carreras de los hombres, y la música de la Banda, atizando al pasodoble "DOMINGO ORTEGA", de obligado cumplimiento, entre las risas nerviosas de la Tía Juana, que mostró sus "Reales Pechos" en alarde de un buen pase por "delanteras", a un toro interesado en conocer los "reales secretos" de esta buena mujer.
Cosas de aquellos tiempos....
