"CARLITOS", LOS HUEVOS Y "ROSA DE LIMA"

Me viene hoy a la memoria una anécdota que viví una noche en el cine de la Venerada y Amalia, cuando era un "zangolotiño", es decir, en la adolescencia, en aquella época de rebeldías juveniles junto a la pandilla de amiguetes.
Una noche de esas de verano, proyectaban en el cine la película "ROSA DE LIMA" protagonizada por María Mahor, por cierto, con la que canté años después en el Teatro de la Zarzuela en Madrid, en un gran festival junto a cantantes como Lola Flores, Rafael Farina, Pajares, y otros, en mi debut como cantante, y en el "Club de Arte" madrileño,¡ que destinos más extraños pone la vida en nuestros caminar por ella!. ¡Qué bien cantó el "Ne me quitte Pas" de Jacques Brel, acompañada al piano por el entonces pianista de la Orquesta de TVE que dirigía Rafael Ibarbia!.
Que mujer tan guapa y tan simpática con la que estuve charlando largo rato.
Pues bien, como decía, aquella noche se proyectaba esa lacrimógena película, historia de esta Santa que murió en la capital del Perú,que le dio nombre en el año 1617 a los 31 años de edad. El film de José María Elorrieta que encumbró a María Mahor, relata la vida de esta joven, hija de Gaspar Flores, arcabucero español al servicio del rey Felipe III, y de María de Oliva, que se convertirá en patrona principal del Nuevo Mundo, Filipinas e Indias Occidentales en 1670.
Habíamos subido al "gallinero", es decir, a la parte superior del cine, que tenía tres balcones a la calle Alfonso Onceno, y en uno de ellos había una parra, de la que se comían las uvas los "zangolotiños" más osados que se subían a la barandilla del balcón.

Antiguo Cine de la Venerada, hoy "Casa Amalia". Por el balcón de la derecha le tiró un inpresentable el racimo de uvas a "Carlitos".
Esa noche de verano, de calor guadalupense, la gente aficionada al cine, entre ellas el Sargento Comandante de Puesto de la Guardia Civil, gran seguidor del Séptimo Arte, contemplaba emocionada, entre el olor de las pipas tostadas, de los cacahuetes, del tufillo a "Picadillo"( famosos bocadillos de Amalia), del vino, de los cuerpos, de los pies y de miles de efluvios, agarrados al pañuelo, por aquello de las lágrimas y los mocos, discurría la película casi al final, cuando Santa Rosa, agonizaba en su cama, y la emoción contenida de los espectadores, mezcla de fervor religioso, sentimiento no contenido, como si a cada uno de los espectadores se le muriese algún familiar querido, y todos entregados al sufrimiento, ocurrió lo que sigue.
Caminaba por la calle en dirección a su casa un pobre hombre, de esos señalados por la desgracia, ya que al parecer en tiempo de la guerra recibió la metralla de un mortero, y tuvieron que ponerle en la cabeza un trozo o casquete de platino, ese carísimo material, que una vez muerta la persona a la que se le ponía, venían y se la quitaban para darle un nuevo uso. Y aún creo que se hace así.
Aquel pobre ser, rico por lo que llevaba en la cabeza, y pobre de solemnidad, (hacía alguna chapuza como carpinterillo), con varios hijos y mujer,( una de sus hijas estuvo, como se decía entonces, y no me gusta esta palabra "sirviendo" en mi casa), caminaba contento portando en las manos una docena de huevos que le habían regalado por algún trabajo, y que contento llevaba a casa para pegarse una buena cena a base de huevos y patatas.
Contento iba Carlos, "Carlitos Cagueto", que era como le llamaban( ya se sabe que si utilizo los motes o apodos es con fines de identificar, nunca de insultar a las personas), como digo caminaba eufórico y contento por la calle.
Al llegar a la altura del Cine de la Venerada, y desde uno de los balcones( yo lo presencié) uno de los que estaban allí, que por prudencia omito su nombre, tomó un racimo de uvas aún verdes y le atizó un "uvazo" en las manos, rompiéndole la mayoría del fruto de las gallinas que el portaba.
En ese momento, Santa Rosa de Lima, agonizaba. La emoción , las lágrimas y mocos corrían por los ojos y narices de los guadalupenses emocionados...
Y en ese momento crucial, se abre la puerta del cine, y entra el bueno de Carlitos gritando y llorando, diciendo: " ¡¡¡¡ VENERADA, QUE ME HAN ROTO LOS HUEVOS!!!.
Horror, terror y pavor. ¡¡¡Madre la que se armó!!!.
Escucharse aquello, y el Sargento Comandante de Puesto de la Benemérita, pegó un salto y raudo y presto como un ciervo, se lanzó escaleras arriba del "gallinero", sacudiendo bofetadas y patadas a todo "zangolotiño" que bajaba por las escaleras, o se encontraba en su camino.
Nunca tal "Gallinero", recibió tantas patadas y tortas de servidor de Orden Público.
¡¡Había que ver como bajaban las escaleras a trompicones los gamberros!!
Yo no cobré porque permanecí en un discreto tercer plano, y el "benemérito" no me vio, que si no, cobro.
En ese momento se paró la película. La gente llorando se levantó de sus asientos enjugando lágrimas y mocos. En la entrada "Carlitos" lloraba con las manos impregnadas de claras y yemas sin consuelo. La gente ponía verde al lanzador del "racimo verde de uva", y algún rezagado del "gallinero", bajaba con cuidado, no fuera a encontrase con la justicia emanada de las manos y pies del benemérito Comandante de Puesto.
No sé lo que pasó después. Creo que le compensaron los huevos rotos, e incluso la Amalia le obsequió con algunos bocadillos de "picadillo", y el alma buena de Carlitos se marchó en la noche camino de su casa , bajando por la carretera en dirección del "Corral de las Gallínas", ¡que ironía!.
La familia de Carlitos se trasladó a Cáceres, según tengo entendido. No se si alguien ha vuelto por Guadalupe.
Pero cuando paso por la puerta en las pocas ocasiones que voy al pueblo, no se me borra de la cabeza el grito de aquel hombre desesperado por la crueldad de un imbécil:¡¡"Venerada, que me han roto los huevos"!!.
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