ARREGLANDO HUESOS, LA SEÑORA FIDELA


Hoy me viene a la memoria el recuerdo de una buena mujer, la señora Fidela, que vivía a la subida de la calle Real, cerca de la Fuente Nueva, mujer de edad avanzada cuando la conocí, y que en muchas ocasiones, arregló, curó, encajó, los huesos a diferentes personas de la puebla y de fuera, que acudían a ella para que sus conocimientos fueran utilizados en bien de sus vecinos.
La señora Fidela, la recuerdo vestida de negro, con una cara blanca y algunas arrugas, y unos impresionantes y grandes ojos azules, que miraban de una manera penetrante.
Ella decía que su "técnica" que no conocimientos, venía desde que de muy niña, tuvo contacto con los animales, y fue arreglando huesos, tendones, ternillas, de los mismos, familiarizándose con este dominio del arreglo de los huesos.
A ella no podías hablarle del "Esternocleidomastoideo", del "Fémur" o del "Húmero".
Pero ella en su mente, conocía perfectamente todos y cada uno de los huesos, tendones, músculos, y demás , que configuran la anatomía humana, y los llamaba con nombres que ella había inventado a tal fin.
En muchas ocasiones, subían por la calle Real a personas sentadas en una silla, que habían sufrido un percance, a casa de la señora Fidela( la tía Fidela) como vulgarmente se decía, y al poco, los veías bajar andando por su propio pié, con la sonrisa en la cara.
Hasta el propio médico, le enviaba sin que se supiera, a alguna persona para que ella arreglara aquel hueso salido de su sitio, sin tener que enviarlo a Cáceres al Hospital.
Un buen día, me tenía que hacer una foto, para adjuntar a la matrícula, para examinarme de Reválida de Cuarto, en el Instituto "El Brocense" de Cáceres, y revalidar los cuatro Cursos de Bacchillerato, antes de pasar a Quinto.
Me esperaba Antonio Moreno, "Fotógrafo" de Guadalupe, que me situó delante de uno de los postes de la Plaza, en los portales, que ofrecía un fondo blanco de enjabelgado, idóneo para resaltar el contraste de la foto.
Nada más terminar de hacerme la foto, di un traspiés, y apoyé todo el peso del cuerpo en el pié derecho. Al punto noté como se me salían algunos huesos y un dolor terrible me invadió.
Sin poder dar un paso, me subieron a casa en la calle Real, en el taxi de Miguel Herrero, un Seat 1400, de los dos que había en Guadalupe.El otro era el de Manolo Alcoba.
Al llegar a casa, mi madre avisó a la señor Fidela que bajase y le contó lo que me había ocurrido.
Llegó la mujer, se sentó delante mía, me miró el pié, me tocó un poco por encima y por debajo, y le dijo a mi madre: "Trae un poco de aceite de oliva, esparadrapo y una venda larga".
Me miró y me dijo:"Tienes cuatro huesos fuera, y te los voy a volver a encajar, pues tienes una ventaja y un inconveniente. Tus músculos de este pié tienen poca fuerza, por lo que los huesos se te salen a la primera. De ahora en adelante, deberás usar siempre el pié vendado si no quieres que esto te vuelva a pasar".
La señora Fidela, me untó la planta del pié con aceite, y se descubrió su rodilla, donde también puso un poco de aceite. Y me dijo: " Ahora te iré encajando los huesos. Cuando yo te diga, aprieta". Y así empezó a encajarme uno por uno los huesos. El fuerte dolor que tenía fue desapareciendo a medida que me encajaba los huesos. Al llegar al último, como por arte de magia, se me quitó el dolor por completo. Después, me puso unas tiras transversales de esparadrapo y me vendó el pié. Ella me dijo entonces:" De ahora en adelante, no te olvides de vendarte ese pié. Dentro de tres días te quitas el esparadrapo".
Hasta hoy, no se me volvieron a salir nunca los huesos del pie. He tropezado, apoyado, cargado, cansado ese pié en muchas ocasiones, sobre todo en los largos Conciertos que he dirigido con la Banda, y no me he vuelto a resentir.
Hoy no conozco nadie en Guadalupe que haga esto. Aquella ciencia se perdió, porque ella no enseñó sus conocimientos a nadie, y su "don, ciencia, o saber" se perdió como tantas cosas en nuestro pueblo.
Desde aquí, en el recuerdo, mi agradecimiento a aquella buena mujer, que tanto bien hizo por las gentes de fuera y dentro de Guadalupe, sin cobrar un duro a nadie.
La Señora Fidela de la calle Real.


vidal rey barba dijo
Si no recuerdo mal, yo también tuve oportunidad de ser testigo de la "ciencia" de la tía Fidela. Tuve la suerte de veranear con mi abuela durante muchos años desde mediados de junio hasta la Feria (que suerte tenía). Me arregló la muñeca de una caida en bici en la fuente del caño. Y también quería comentar que una vez dejó a los vecinos asombrados. Despúes de muchos baños (que calor hacía) me empezaron a doler los oidos de forma insoportable. Le dijo a mi abuela que el mejor remedio erá hollín frito templado durante 15 minutos 3 veces al día. De forma milagrosa aquél dolor desapareció definitivamente. Enhorabuena por tu blog. Un saludo
25 Mayo 2011 | 04:43 PM