ATARDECER DESDE MI ESTUDIO, Y EVOCANDO...


Está cayendo una "pelúa" de agua, que Dios tirita!!!.
Recuerdo en tiempos pasados, como en Guadalupe se ponía a llover, y no paraba en dos meses, cayendo cortinas de aguas, para dar y tomar.
Los hombres, caminaban con un saco plegado, a manera de caperuza, bajo una tempestad de agua detrás de los burros que acarreaban el picón o el carbón, subiendo por la calle Real, mientras yo, me asomaba pegando la "naricilla" a los cristales de la entrada al comercio, dejando una vaharada de aliento, que los empañaba.
Los niños, subían de la escuela, mojados y tratando de salvar la cabeza, poniéndose la cartera encima de la misma, y caminando con aquellas botas Katiuskas de goma.
El humo del brasero de la Margarita Prieto, mujer del tío Jesús Rodríguez, bajo los portales, daba un especial olor mientras que en alguna cocina, se empezaba a freír alguna morcilla o chorizo en adobo, esparciendo un rico olor que impregnaba la pituitaria nasal, abriendo el apetito con ruido de tripas.
Sonaban las campanas de la torre, llamando a vísperas la del coro, y empezaban a encenderse las luces de aquellas bombillas exteriores de la calle, de apenas 20 vatios, que más que iluminar, opacaban las sombras.
Alguna mujer, se encaminaba a rezar el Rosario en la Iglesia, mientras yo me aprestaba a hacer algún problema o alguna copia de las que me dictaba mi hermana Pupe.
En el comercio de la calle Real, mi hermano Pedro, había subido un fardo de bacalao que pesaba un montón, y le estaba metiendo mano a un "terrón" de azúcar disimuladamente, mientras mi padre, cortaba con la tijera, una medida de "Popelín", a una de las clientas habituales.
En la puerta, algunos muchachos esperaban para dar la lección de Solfeo, con el sr. Alfonso, en cuanto se quedara la tienda algo más tranquila.
¡¡¡¡¡Oder la que está cayendo de agua!!!!!!!
Creo que las flores de la terraza y el jardín se van a acabar de estropear.
Aunque ya están bastante ajadas.
De nuevo, entro en mis ensoñaciones de antaño, al calor del brasero, que aún me gusta tener, ya que las calefacciones centrales, me queman las orejas.
Veo como la gente sube y baja por la calle Real. Baja Juan Palma, con su hermana y Pedro, su marido, camino de la Iglesia.
Pedro "Chirgui", me hace un gesto con la mano. El me puso gasolina muchas veces cuando iba a Guadalupe, con su proverbial simpatía, allá abajo en la primera gasolinera de Manuel Alcoba y la Amparito.
José el hermano de la señora Cándida, se asoma por la puerta de la calle, con su boina puesta, y mira como diluvia en la calle Real.
Y yo, hoy en la distancia y en el tiempo, evoco aquellos años de infancia y juventud, en la puebla y villa de Guadalupe, mientras en esta tarde de lluvia, escucho la Zarzuela " Katiuska" de Pablo Sorozábal, del que por cierto, tengo su libro dedicado por su nieto, donde cuenta la historia de su vida.
" Calor de nido, paz del hogar".
( A Nieves, que sé que me lee, con mi afecto)
