ACEITUNAS, LA "GUASONA", EL PUCHERO Y LA PELLICA DE CONEJO




Ahora que estamos casi en carnaval, recuerdo a una mujer de la que me hablaba mi querida madre, como una persona súper alegre, con unas ocurrencias increíbles, y un sentido del humor, que para ser en épocas pasadas y difíciles, eran muy atrevidas, sobre todo, haciéndoselas al bueno del marido que era un santo varón.
Ella le quería con locura, pero, por ser bueno y paciente ( un cacho de pan) era el motivo para que la mujer le pinchara.
Y las cosas de ella, eran de las que dejan rastro.
Oí en conversaciones de mujeres siendo pequeño varias anécdotas que os cuento.
Un buen día, le dijo al marido: " Pon este puchero a la lumbre a eso del Ángelus( a las 12 de la mañana) y cuando yo venga, comemos, pero ten mucho cuidado con él".
Y así lo hizo el bueno del tío...bueno, no voy a dar su nombre, pero los que son algo mayores, sabrán a quién me refiero, y a las 12 arrimó el puchero a la lumbre, saliendo al cachino( palabra muy nuestra) huerto a cavar unas patatas.
Y cuando se acordó de que tenía el puchero a la lumbre, entró en la cocina...y se tapó con las manos la naríz...por que un raro y malísimo olor se extendía saliendo del dichoso puchero.
Curioso se preguntó:"¿ Que habrá hecho de comida que huele tan mal?".
Y abrió la tapa del recipiente..
Bueno, lo que se encontró de "guiso", es mejor ni "nombrallo" ...
Era una buena ración de MIEL con R, que la guasona de la mujer le había preparado.
Y cuando llegó ella, le dice:"¿ Tienes preparada tu comida?".
Al pobre del marido, se le salían los demonios, y le espetó:¡¡¡Tenías que ser tú!!!.
Y es que la conocía, de primera mano.
En otra ocasión, estando cogiendo aceitunas en los olivares, notó la mujer que cuando alguna se subía a varear desde alguna rama, alguno de los hombres que con ellas venían a trabajar, no hacían más que remolonear en torno y bajo el árbol, con el fin de ver... lo que se pudiera en un descuido, que por aquellas calendas, ( ó siempre), los varones han estado muy soliviantados con la cosa de la entrepierna.
Y un buen día, dijo que ella se iba a subir a las ramas, para varear desde lo alto y con más fuerza, las aceitunas que se habían quedado sin caer.
Uno de aquellos varones, se acercó, disimulando, se puso de bajo donde ella vareaba, alzó la vista, y ella, abrióse un poco de piernas, dejando entrever...
El hombre, abrió los ojos como platos, se le descolgó la mandíbula inferior, pegó un retemblón, las piernas se le arquearon, mientras las cejas se le desparramaban por la cara, dio un brinco, salió corriendo por el olivar la cuesta abajo, dónde estaba el grupo de hombres, y sin poder articular casi palabra, empezó a explicar con signos de las manos, de los ojos y del cuerpo, lo que había visto.
Le sentaron, le dieron un trago de vino, y por fin pudo explicar, lo que habían contemplado sus ojos, "eso" del cuerpo de la bien formada mujer de la que hablamos. Porque buena moza, sí que lo era.
Al hombre parecía que se le había aparecido un ángel.
Y picados por la curiosidad, uno a uno, y con diversos pretextos, fueron subiendo dónde estaban las mujeres, y pasaron bajo el "observatorio", mientras las mujeres, de reojo, se sonreían disimulando, mordiéndose la lengua de cómo ponían los ojos, y de las reacciones de aquellos varones, heridos por la llamada de las hormonas, y a los que sólo les faltaba " berrear", como los ciervos en otoño, a la vista de lo "contemplado".
Ese día, las carreras, gritos, risas, rebuznos, y otros sonidos, se produjeron, mientras que las mujeres, disimulando se reían a la sombra de los olivos.
-¿ Habéis visto la cara de fulano?, ja ja ja ja j? Y la de zetano, ja ja ja?.
Se lo estaban pasando bomba.
Y es que aquella mujer, a la que no se le ocurría nada bueno, ni se le ponía nada por delante, cansada de las miradas de los sufridos, decidió darles una buena lección, y se confeccionó con una tela del color de la carne, una especie de bragas, donde cosió un trozo de "pellica" de conejo negro, con la forma del vello pubiano femenino.
Así que cuando los varones divisaban semejante espectáculo, que a buen seguro, no lo habrían visto en directo muchos de aquellos solterones, les hervía la sangre, se les producía " la resurrección de la carne ó de los muertos"( que dice la Biblia), y con terribles escalofríos, temblores, comezones y esparavanes, corrían por el olivar, como alma que lleva el diablo, tratando de explicar y explicarse, aquel milagro, que se había producido en las ramas del olivo.
De ahí viene la frase de " andarse por las ramas", y yo añado y "enseñando la pelliquina de gato", ja ja ja.
¡¡¡Que mujer tan graciosa y ocurrente!!!
