EN LA NOCHE DE VIERNES SANTO





Ya lo advirtió Alfonso Moreno Collado a los componentes de la Banda en el último ensayo antes del Acto:
- "Cómo es costumbre, los instrumentos, limpios y brillantes, para el Santo Entierro. Ahora, Manolo, apaga la luz y vamos a tocar "Sueño Eterno".
Era obligado a los músicos, el saberse el papel de las Marchas, para al caminar por las calles oscuras del Pueblo, poder seguir tocando sin tener que parar.
Los instrumentos, se limpiaban en dos ocasiones al año: Viernes Santo y el día del Corpus, a base de "Netol",y quedaban refulgentes al sol.
Mientras que en la noche, ligeros chispazos, al incidir sobre ellos, la luz de velas y faroles, semejaban el titilar de luceros nocturnos.
Llegó el día y la noche de Viernes Santo. Salió la procesión. Todo el pueblo, acudía al entierro de Jesús, recorriendo el camino, como un vecino más y acompañando al cadáver en la urna yacente.
Mientras....
Alguien aprovechaba aquella noche, para sustraer de una casa del pueblo una importante cantidad de dinero.
Pensando que no le veían, cruzó raudo por la calle, mientras, los ojos de una persona, le veían pasar, embozado en una manta, procurando ampararse al abrigo de la oscuridad. A pesar de ir tapado, la persona que miraba pudo reconocerleo. Le descubrió por su manera de caminar.
Cuando acabó el Santo Entierro, la persona que había sido robada descubrió el suceso, y lo denunció, poniéndolo en manos de la autoridad.
Y la autoridad, inició sus pesquisas e investigaciones... dando por hecho, que el robo había sido causado por una mujer.
Presto la detuvieron, y la llevaron al Cuartel, donde a base de presión, querían que ella confesase.
No hubo manera. Desde el primer momento, aquella pobre mujer, se mantuvo en su inocencia, y manifestó el estar ajena al acontecimiento.
El Teniente, no se rendía. La presionaron más, y más. Eran otros tiempos, y otros métodos de interrogar. El oficial, era un auténtico sádico.
Y empezó un durísimo interrogatorio. La desnudaron. Un sufrimiento terrible, para una mujer púdica y religiosa. Y verse desnuda ante los hombres fue una insufrible afrenta. La pusieron en los dedos el "cepo" para que al sentir el terrible dolor, confesara la verdad. La destrozaron la mano derecha, que quedó para siempre anquisolada, sin uñas y con los dedos secos, como un sarmiento.

La colgaron por las manos de unas cadenas. La pegaron.
Juró por lo más sagrado que ella era inocente y que era honrada, y que no había robado.
Y como, a pesar de la tortura, la mujer no confesó, tuvieron que ponerla en libertad. No tenían pruebas.
A partir de aquello, la mujer se volvió casi loca. De vergüenza, de la afrenta, y de saber que ella era inocente. Y de impotencia ante tamaña injusticia.
Mi hermana la conoció cuando era pequeña, y la vio con una especie de largo camisón, con el pelo enredado, y los ojos de loca.
Y en ese mismo año, la Procesión del Corpus, le tocó por el Barrio Alto, ya que el Santo Entierro, había discurrido por el Barrio de Abajo. Y ya sabemos que cuando esto ocurre desde tiempo inmemorial, una discurre por arriba, y otra por abajo.
Al llegar la Custodia bajo Palio, portada por el Sacerdote, y escoltada por dos números de la Guardia Civil, vestidos de Gala y con la Bayoneta calada en los Mauser "Oviedo", del grupo de vecinos que ocupaba la calle Real, junto a la entrada de la calle que va a la Plazoleta de la Pasión, se desprendió una mujer, con el pelo alborotado, los brazos alzados y cayendo de rodillas con los brazos en cruz, gritó en el silencio expectante:
¡¡¡ " Señor, tú sabes que soy inocente del robo que me han acusado. Te pido que se conozca al que ha robado, antes de que yo me muera!!!.
¡¡¡Te lo pido por tu Santa Madre, la Virgen de Guadalupe, que sabe que soy inocente!!!.
Cuando por fin pudieron levantarla del suelo, dónde parecía clavada, la Procesión continuó, entre el estupor y el asombro de los vecinos.
La pobre mujer, acabó de enloquecer aún más.
Pasaron los años.
Y estalló la terrible Guerra Civil.
Un día de aquellos terribles momentos, una camioneta salió de Guadalupe con dirección a Navalmoral de la Mata.Cuatro personas viajaban en ella.
El frente estaba muy cerca. Y los enemigos, hacían incursiones desde el Puente del Arzobispo, a través de Navatrasierra, para hostigar a las fuerzas que dominaban Guadalupe, Navalvillar, y un amplio terreno, y campo de nadie.
Al llegar a determinado lugar, la camioneta fue interceptada por un grupo de milicianos, que a punta de metralleta y fusiles, hicieron bajar a los ocupantes.
Fueron interrogados por el que ejercía el mando, con la mala suerte que uno de los milicianos, conocía a los cuatro, de sus visitas al pueblo y sabía perfectamente quienes eran.
Uno de ellos era un Falangista. El otro era de derechas, otro dicen que republicano y el cuarto falangista también.
Y como estaban en guerra, no lo dudaron. Al conductor le pusieron en libertad, y los otros fueron llevados, a Castuera para juzgarlos.
El Falangista, inició una desesperada huída; no se sabe si por instinto de parar las balas que iban a matarle, o por hacer el saludo fascista, levantó la mano y salió corriendo, esperando salvarse. No lo consiguió.
Y una ráfaga de ametralladora se la destrozó, arrancándola de cuajo.
El conductor cargó con el cadáver, según dicen, y se presentó en el pueblo.
Cuando llegaron al pueblo, imaginaros la que se armó. Batidas especiales para detener a los enemigos. Todo inútil.
Pero en casa de la mujer a la que acusaron del robo, se escucharon grandes gritos que decía:
¡¡¡Gracias Dios mío, por permitir que lo que te pedí se haya cumplido!!!
Y es que ella había hecho una petición al Santísimo.
Y esta petición, parece que se había realizado.
