MÚSICA ALQUÍMICA Y CATEDRALES






Vuelvo a encontrarme después de casi 20 años con un interesante libro titulado "EL MISTERIO DE LAS CATEDRALES" de Fulcanelli, un controvertido autor de Alquimia, curiosa historia de aquellos que buscaban el secreto del elixir de la Larga Vida, y no de trasmutar el plomo en oro, si bien, la creación y prueba de la llamada "Piedra Filosofal", era vital, a la hora de probar la fuerza de este compuesto, que durante años, le llevaba al adepto a este "Arte" a base de tomar un elemento, y supeditarle al "Salve et Coagula", es decir, calentar y enfriar, durante horas, días y años, hasta conseguir lo que ellos entendían por su materia prima, e iniciar los experimentos a fin de conseguir su meta: El polvo de proyección.
Hace 20 años, me gustaba leer de estos temas, y tuve( y tengo) una buena biblioteca dedicada a estos asuntos. He de decir que nunca se me ocurrió meterme en una fragua a probar aquellos ejemplos y experimentos, que los menos "caritativos" explicaban sobre estos asuntos. Pero también me dediqué a investigar ciertas partituras antiguas, donde en una clave que no eran las tradicionales, te sugerían cosas como " Trocar la noche en día", y cosas por este estilo, que me llamaron la atención, por lo inusitado.
En este ejemplo, del que muestro una foto, significa que hay que "Cambiar las Negras, por Blancas", (Negra= Noche, Blanca= Día), para poder entender la partitura. Y había seis claves más que no pude descifrar.
Estas anotaciones, solían colocarse de manera disimulada a lo largo del texto, incluso, en hojas contiguas, para hacer más difícil el entendimiento de lo escrito.
En el libro de Fulcanelli, nos explica, entre otras cosas el secreto de las Catedrales, utilizadas como recintos religiosos, pero a su vez, como "Bibliotecas", donde perpetuar el saber. Y los "alquimistas" lo dominaban.
Curiosamente, la creación de los Tres Rosetones, simbolizan y muestran los tres colores de la "Obra Alquímica", donde el color Blanco, Negro y Rojo, se manifiesta en las diversas horas del día.
Si nos fijamos en el Rosetón del Monasterio, en el que da a la fachada de la Plaza, al mediodía se ilumina con un color Blanco de una pureza sin igual a la 1 de la tarde de un día de Verano. Claro, hay que verlo por dentro de la Iglesia, para poder apreciarlo en toda su belleza. El del Coro, al atardecer, se pone de un Rojo brillante. Mientras que el que está frente al de la Fachada, permanece casi siempre en la oscuridad, o sea, en Negro.
Ellos en su mensaje, trasmitían estas enseñanzas, que la obra de Fulcanelli nos muestra.
El "Mutus Liber" es un ejemplo de estos conocimientos alquímicos, donde a base de figuras, nos explica y muestra, como el "Rocío del Cielo" o "Leche de la Virgen", impregna unas telas, que luegos son exprimidas para recoger un compuesto indispensable en la Gran Obra, durante el mes que el Zodiaco indica, representado por dos figuras. Una imagen clarísima, en la que se basó un investigador francés que escribió un libro titulado "El Oro de las mil mañanas", tiempo que dedicó a recoger el rocío y guardarlo fuera de la luz solar. Al tiempo, aquel líquido se puso de un color dorado, y quiso que los Laboratorios Pasteur de París, lo analizaran. Los resultados fueron tremendos: Aquel producto tenía unas propiedades curativas alucinantes, solo... ¡¡que no se dejaba producir en el laboratorio!!, y no era rentable el fabricarlo, pero era un producto de primer orden para curar ciertas enfermedades hoy incurables....
¿Porqué las velas que se utilizaban en el culto de las Vírgenes Negras y Morenas, eran de cera verde?.
Hace años, cuando yo tenía unos 13 años, en la antigua fachada del Monasterio existía una pequeña oquedad, dónde indico sombreada en la foto de la entrada a la Iglesia, en la puerta de la izquierda según vaya a penetrar en el Templo.
Pues bien, allí aparecía de cuando en vez una especie de grasa verduzco-amarillenta, con cierto olor sulfuroso. Mucha gente de Guadalupe ni siquiera ha reparado en aquel agujero, que posteriormente fué cegado, por lo que hoy día no se puede ver.
Una tarde de aquellas de adolescencia rebelde, uno de la panda, que le encantaba tapar canalones de cinc con papel y encenderlo, para que el viento en el tejado, produjese un sonido como la sirena de un barco, como digo, le dio por tomar unos papeles, y agarrándose al borde de la falsa columna, lo metió encendido en la oquedad.
Al punto, una llamarada alumbró, y empezó a soltar un humo sulfuroso, junto a una especie de negra miel, que empezó a manchar la columna que sujetaba la arcada.
Inmediatamente, salió el portero del Monasterio, creo que era Antonio, y quitó los papeles que ardían, consiguiendo apagar aquél fuego, y atajar el humo sulfuroso y azufrado que desprendía la combustión, no sin antes meternos una bronca de padre y señor mío.
Curiosamente, he leído que en alguna de las Catedrales de Francia, existía un agujero así, y se utilizaba el producto que rascando la piedra que lo formaba, se quemaba en el interior del Templo, para purificar y perfumar, el horrible olor de los peregrinos. Algo así, sólo que con incienso, se hace hoy día, en Santiago de Compostela, con el Botafumeiro.
No dudo yo, que en aquellos tiempos, los Jerónimos que crearon el Molino del Martinete, ignorasen estas prácticas, y no investigasen sobre estos asuntos alquímicos, del trato de metales, latones, y cobres.
Quizá, el último "alquimista" (sin saberlo), haya sido un pariente mío, Premio de Artesanía, que utilizó una serie de productos, (tal vez ácido sulfúrico, H2SO4,
(El descubrimiento del ácido sulfúrico se relaciona con el siglo VIII y el alquimista Jabir ibn Hayyan. Fue estudiado después, en el siglo IX por el alquimista Ibn Zakariya al-Razi, quien obtuvo la sustancia de la destilación seca de minerales incluyendo la mezcla de sulfato de hierro (II) (FeSO4) con agua y sulfato de cobre (II) (CuSO4). Calentados, estos compuestos se descomponen en óxido de hierro (II) y óxido de cobre (II), respectivamente, dando agua y óxido de azufre (VI), que combinado produce una disolución diluida de ácido sulfúrico. Este método se hizo popular en Europa a través de la traducción de los tratados y libros de árabes y persas por alquimistas europeos del siglo XIII como el alemán Albertus Magnus.)
para el tratamiento que utilizó en la nueva creación de un material de cobre, por el que recibió un Premio, y que luego han intentado copiarle.
Sin duda que en muchas partituras que duermen en los archivos, existen ciertas claves y ciertos misterios, para los iniciados y amantes de aquellas técnicas, que gracias a ellas, hoy podemos disfrutar del "Baño María", descubrimiento de un genial alquimista, y utilizado hoy día hasta la saciedad.
¿Podremos encontrar algún día en el Archivo Monacal, alguna partitura de esta guisa?...


Joaquín Nieto dijo
Buenos días Rafael, o Rafa, si me permites, que era como te llamaba cuando pasábamos juntos algunas tardes de verano en el atrio del monasterio. Creo que primero debo presentarme, soy Joaquín Nieto, hijo de los ya fallecidos Paco Nieto, el de la "paquetera", y Manuela Moreno.
Llevo algún tiempo leyendo tu blog y en varias ocasiones he tenido la intención de escribir algún comentario, como cuando escribiste sobre mi "tío" (en realidad estaba casado en segundas nupcias con mi bisabuela, la madre de mi abuela Juana), Filomeno Sánchez.
Pero no he podido resistirme cuando he leído tu recuerdo del agujero de la fachada del monasterio, ya que yo estaba allí una de esas tardes que encendimos el producto extraño que estaba depositado y que ardía como la hace un plástico, (¿sería plástico?) goteando lágrimas de fuego. Me impresionó tanto que en algunas de las pocas ocasiones que regreso a Guadalupe, volví a visitarlo, pero el agujero está tapado.
Joaquín Nieto
beapab@gmail.com
7 Noviembre 2010 | 09:27 AM