ANTIGUA LEYENDA GUADALUPENSE

Al ver esta fotografía, acude a mi memoria una vieja leyenda que me contaron de pequeño, en esa edad dónde escuchas los relatos con los ojos abiertos y no se te escapa un detalle, y más, si es en época estival, durante la siesta, en el marco incomparable del patio del hoy Parador de Turismo, lugar de mi nacimiento y residencia durante muchos años.
Se la oí contar a mi querida madre, que la había escuchado de sus mayores. La historia, reza así: Allá por los años pasados, existían desde mucho tiempo atrás, justamente en el lugar donde está la casa, y antes de construir, una serie de poyos de piedra, dónde la gente solía sentarse, en sus paseos por la carretera, cosa que viví, y pude hacer( naturalmente en época posterior al relato), cuando de pequeño me llevaba la chica que me cuidaba, la Inés, e íbamos los Domingos a pasear por la carretera, y sentarnos en esos poyos de la "Cimelería" ó "Acimelería".
Eran unos poyetes con grandes lanchas de pizarra, dónde se sentaban, parejas, paseantes, y aquellos que subiendo de la Ventilla, accedían a la carretera. Uno de ellos, era muy grande, con una tapa bastante extensa.
Una día de hace muchos años, llegó a Guadalupe un individuo, que se alojó en una de las posadas, y preguntó a la dueña, por una fuente, y unos poyetes que estaban cerca de la "Acimelería".
La dueña de la posada, le explicó y le indicó dónde se encontraban y el desconocido, escuchó con gran atención sus explicaciones.
Durante unos días, el viajero, asistió a los oficios religiosos, y su conducta era intachable, según comentó la posadera posteriormente.
Una noche, pasadas las 9 de la noche, aquel personaje, pidió la cuenta y pagó el hospedaje, aduciendo que al día siguiente tenía que partir muy temprano y a caballo para llegar pronto a Logrosán.
Así lo hizo la dueña de la posada, y el hombre se fue a dormir.
Cuando la posadera se despertó, el hombre había partido, y ella se volvió a la cama.
Al día siguiente, la noticia era que el poyete de la "Acimelería", estaba reventado, dejando ver una gran cavidad, que habría contenido un depósito.
Con las prisas para recoger lo que hubiera contenido, el hombre, en plena oscuridad, había reventado la piedra con una barra de hierro, que a buen seguro había preparado con tiempo y que había cogido de un corral cercano.
Cuando a la luz del día se pusieron a mirar, encontraron unos pendientes de oro y piedras verdes, en medio de la tierra , que el viajero no había visto, y que el regidor de la puebla, recogió, para investigar lo acaecido.
Los comentarios de aquellos días, eran de que el hombre había descubierto un tesoro, posiblemente de la época Napoleónica, enterrado allí, y que se había enterado, no se sabe cómo, de la existencia del secreto.
Se volvió a arreglar el desperfecto, y el poyete quedó como nuevo, conservando el secreto de quién era el desconocido buscador, y el contenido del hueco.
Mi abuela, decía que allí cabía un baúl "mundo", que era un buen arcón.
Tal vez, algún día, aparezcan mas tesoros en el término, pues conozco otra leyenda, que ocurrió por la zona del "Salto el Moro" y que en otra ocasión os contaré.
